En el curso escolar 2024-2-25, tuve el privilegio de trabajar como auxiliar de conversación de inglés en el CEIP San José Obrero, un colegio ubicado al norte del barrio de la Puerta de la Macarena, en Sevilla. Cada mañana recorría media hora desde el centro histórico hasta el colegio, atravesando algunos de los monumentos y barrios más emblemáticos de la ciudad hispalense. Ese trayecto mañanero casi ritual y casi diario que llegaba a su culmen al cruzar la puerta de la Macarena donde al cruzar la muralla se hacia evidente el contraste de los edificios y gente, me conectaba con el entorno variado de Sevilla y me preparaba para lo que siempre era una jornada llena de aprendizajes y retos.

El colegio atendía a una población estudiantil que en su mayoría de origen inmigrante o muy humilde. Fue especialmente significativo para mí encontrar una gran presencia de niños y niñas nicaragüenses, ya que mi familia también es originaria de Nicaragua. Esta coincidencia inesperada me generó un vinculo especial con el colegio. En el entorno del colegio,  cuando tenia una hora libre entre clases, solía tomarme el café de la mañana en una panadería atendida por nicaragüenses y colombianos o en alguno de los muchos restaurantes nicaragüenses cercanos, lo que me ofrecía un contacto cotidiano y cálido con mis raíces aunque a veces terminaba en el bar de los hermanos Serrano comiendo torreznos con café a las 12 del día, una mezcla muy extraña debo recalcar.

A pesar de la entrega absoluta del equipo docente, era evidente que el centro sufría la escasez de recursos públicos. Las aulas estaban muy pobladas, lo que dificultaba la gestión del grupo, aunque también era común encontrar alumnos con muy buen nivel de inglés, dado el carácter internacional del alumnado como la niña que se llama María que es originaria de Armenia y que tenia un perfecto dominio del idioma Ingles pero de la cual lo que mas me llamaba la atención era su alegría y sonrisa contagiosa.

Mi rol como auxiliar fue muy versátil: desde ejercer como profesor de inglés, hasta preparar presentaciones que sirvieran como modelo para que los estudiantes tuvieran un modelo en inglés. Generalmente trabajaba con clases completas, lo que suponía un reto, ya que no tengo formación como docente. Sin embargo, con cierta energía y presencia era posible mantener la atención y la disciplina del grupo.

El equipo docente fue, sin duda, uno de los aspectos más memorables de mi experiencia. Me impresionó la unidad del grupo y la amabilidad con la que me acogieron, haciéndome sentir parte de la comunidad desde el primer día. Marta me ofreció su amistad y su compañía desde el inicio, ayudándome a integrarme y sentirme cómodo en la ciudad. Guillermina, a pesar de la diferencia generacional, compartimos muchos intereses culturales y charlas. Alejandro siempre estuvo disponible para ayudarme en todo lo que necesitara, Charo aportaba un humor constante, María irradiaba calidez y comprensión, y me llamó mucho la atención el cariño que los alumnos mostraban por Victoria. También recuerdo con afecto la sonrisa amable del portero cada mañana, un gesto sencillo que marcaba el comienzo del día. David, siempre discreto pero atento, tuvo un gesto que valoro mucho: me recomendó con sus sobrinos, a quienes más tarde enseñé inglés de forma privada, algo por lo que le estoy muy agradecido.

Uno de los momentos más especiales fue la comida de Navidad o fin de año con el claustro. En ese espacio más informal, pude conocer mejor a todos y descubrir que, además de ser grandes profesionales, eran personas entrañables y con una amistad auténtica entre ellos.

El mayor desafío profesional fue enfrentarme a aulas con niveles de inglés muy diversos, pero al tratarse de mi segundo año como auxiliar en Sevilla, me sentía con mayor preparación y confianza para afrontarlo. Más allá del aula, esta experiencia me mostró una Sevilla diversa, vibrante y llena de contrastes humanos y culturales.

No estoy seguro de lo que pude haber aportado yo, pero espero sinceramente haber dejado algo positivo, y que mi presencia haya contribuido a una experiencia educativa agradable. Por razones personales, no pude despedirme como me habría gustado, pero siempre guardaré con cariño el tiempo compartido en San José Obrero.